La madre que amamanta a su bebé, no solo le administra sus propias defensas, sino además le da la oportunidad de aumentar la diversidad de células de defensa (microbioma humano), lo que a su vez regula la digestión y evita el crecimiento de gérmenes productores de infecciones. Dándole así una vida más saludable, con la probabilidad de menos uso de antibióticos.