Al pasar mucho tiempo en las aulas, se crea un sentimiento de comunicación y deseo de inspirar. Durante mi vida fui alumna mucho tiempo, más de lo que mucha gente cree. Los médicos aún estando en entrenamiento hospitalario tenemos la dicha de asistir a un salón de clases en donde se recibe y se imparte conocimiento. Yo he tenido la oportunidad de estar en el ámbito docente, me gusta mucho, y requiere mucha responsabilidad, interés y preparación, no sólo con lo que se imparte, sino cómo se entrega el mensaje. También es cierto que no es fácil y va a depender también del tipo de alumnos a quienes nos dirigimos.
Hace mucho tiempo he pensado que también enseñamos a los demás, aún sin estar en un salón de clases, por eso aconsejo a los papás recapacitar en este aspecto, porque educamos a diario a nuestros hijos.
Creo además que la labor de un profesor debe ser siempre respetada, y comprendida. Ellos son parte del equipo que nutre de conocimiento a nuestros hijos. Que es importante entender sus objetivos, sus límites y reconocer su trabajo. También es bueno dialogar con ellos, validar su autoridad, así como valorar sus aportes. Como pediatra creo que ser maestro significa enseñar y tocar la vida de sus alumnos con un gesto, una vivencia, un alago, un reconocimiento y por qué no, un regaño.
Vienen a mi mente muchos profesores de quienes he tenido el privilegio de aprender, y que han marcado mi vida, a quienes agradezco su entrega, su valor y su cariño, el ser generosos con su enseñanza, no sólo académica, sino por su amor a la humanidad, vocación de servicio, respeto a uno mismo y a los demás. ¡Gracias Maestros!
Muchas gracias por compartirlo Aída, muy sabias y alentadoras palabras 😀
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